En Sostenibilidad, ¿qué es eso de la materialidad?

Por Rosario Murillo (*) @RosarioMurilloC

Los estudios de materialidad permiten a las empresas enfocarse en temas específicos en los cuales puedan generar mayor impacto con sus acciones de responsabilidad social.  

Tales acciones, enmarcadas dentro de la sostenibilidad, considera su aportación o valor compartido en los ámbitos económico, social y ambiental, en especial, con sus grupos de interés.

La pregunta obligada y que nos acerca al concepto de materialidad es ¿cómo saber específicamente cuáles son los temas en los que una organización debe contribuir, si los ámbitos y necesidades son tan amplias? ¿Cómo hacer sí hay cientos de asuntos que apoyar, o si el impacto o el quehacer en temas sociales o por el medio ambiente es interminable?

En el ámbito de la responsabilidad social, la materialidad juega un papel fundamental. Este enfoque acuña la necesidad empresarial de saber cuáles son los temas específicos en los que puede generar mayor impacto, vinculando sus acciones con el efecto de sus operaciones.  Al combinar ambos factores, este tipo de estudios permite acotar los temas de prioridad a no más de una docena, los cuales son mucho más fáciles de gestionar, medir, reportar y dar seguimiento.

Dentro de los análisis que se realizan para obtener la materialidad, es indispensable consultar a los grupos de interés, lo que obliga a saber quiénes y cuáles son los más importantes.  Esto permite que los temas relevantes que sean seleccionados, sean el producto de un proceso de diálogo y consenso entre las partes involucradas, considerando por supuesto los intereses propios de la empresa.

Una vez que se dialoga, los temas seleccionados son priorizados y ponderados en una matriz de materialidad, donde se indica a detalle las temáticas que los directivos deben analizar para establecer metas e indicadores específicos. Esto facilitará el seguimiento y la mejora continua de su estrategia de responsabilidad social, además de facilitar la integración de los  reportes en sostenibilidad para comunicar los avances que se van teniendo en el tiempo y que son comparables.

Todo lo anterior permite a la empresa dirigir sus recursos y esfuerzos hacia aquellas áreas en donde se generará el mayor impacto, reduciendo los riesgos y atendiendo los temas de mayor interés para los principales grupos vinculados. De esta forma, se logra impulsar una estrategia de negocios enmarcada dentro de los principios que rigen la sostenibilidad, con el mayor valor compartido y  retorno social.


(*) Maestra en Responsabilidad Social. Líder de los estudios de Materialidad y Directora Ejecutiva del Grupo Sustentarse.

Capital reputacional y licencia social: ni son lo mismo, ni se trabajan igual.

Por Diego Díaz Martín, PhD. (*) @DDiazMartin

Con frecuencia se confunde el capital reputacional de una empresa con su licencia social para operar. Sin embargo, ni son lo mismo, ni se trabajan igual.

El capital reputacional es la opinión o percepción que tienen los grupos de interés de una empresa sobre su desempeño. Es un activo intangible de gran valor en las corporaciones, que constituye su acervo popular, medido en términos del respeto y reconocimiento de sus clientes, proveedores y el público en general, a través del tiempo.

Bien manejado, el capital reputacional genera y fortalece la fidelidad de los grupos de interés a la marca, convirtiéndolos en accionistas y defensores espontáneos, sin ningún tipo de participación en la gestión empresarial, ni capital.

La licencia social, por su parte, comprende la aceptación o aprobación que tales grupos dan a la empresa, al verse afectados directa o indirectamente por el desarrollo de sus actividades. No alude a un contrato o documento formal, sino a las características reales o actuales de credibilidad y confiabilidad con sus operaciones, determinadas por la satisfacción o insatisfacción en el cumplimiento de promesas y obligaciones y el grado que una empresa y sus actividades, cumplen con las expectativas de las comunidades dentro de su área de influencia y de la sociedad en general.

Si bien algunas empresas se apoyan en distintivos, adhesiones y certificaciones de RSE voluntarias, que de alguna manera avalan su comportamiento social, la realidad es que no existe una acreditación formal del capital reputacional, y mucho menos, una licencia social para operar.

Este reconocimiento, a veces etéreo y difícil de medir, permite generar ventajas competitivas para las empresas, que no solo les hacen económicamente más rentables, sino socialmente más aceptables y ambientalmente más responsables.

Algo común entre el capital reputacional y la licencia social, es que ambas contemplan activos perceptuales y sociales de la empresa, determinados por la calidad de la relación establecida con sus principales públicos a través del tiempo.

Si bien ambos conceptos están directamente relacionados, su forma de abordarlos son metodológicamente diferentes.  Mientras el capital reputacional tiene su principal fortaleza en el manejo de las comunicaciones internas y externas, la licencia social se basa principalmente en la construcción y desarrollo de buenas relaciones, con todos los grupos de interés.

En ambos casos, la opinión que el público tiene sobre una empresa es un valor estratégico, que es una especie de crédito que la compañía administra a su favor, en momentos de crisis o cuando sea necesario.

A mayor capital reputacional, mayor licencia social y viceversa. Sin embargo, existen sus excepciones.


El Dr. Diego Díaz Martín es Biólogo, con Maestría en Gerencia Ambiental y Doctorado en Ingeniería Ambiental. Actualmente es profesor de las Universidades Anáhuac México, Anáhuac Cancun y el Tecnológico de Monterrey. Es Director General para las Américas de VITALIS y Director de Valor Compartido de Sustentarse.