¿Para qué sirven los estudios de impacto social?

Editorial

Por Mrto. Francisco Bedolla Cancino, @franbedolla

Un impacto social describe las alteraciones provocadas de manera directa por la acción de los emprendedores en los entornos social, cultural y medio-ambiental, con independencia de si éstas son o no percibidas, reconocidas y conscientemente perseguidas.

Cualquiera sea el caso, a la hora de evaluar el impacto social, el criterio decisivo —y también inapelable— es lo que perciben y dicen al respecto las personas y grupos situados en las áreas de impacto; de tal suerte que la diferencia entre impactos positivos y negativos está en función de la valoración de quienes los experimentan en su cotidianidad.

Los estudios de impacto social (EIS) se enfocan en la identificación y jerarquización de las alteraciones imputables a los emprendedores de la transformación, a fin de promover planes de inversión social o de mejora comunitaria, en el marco de sus prácticas de la responsabilidad social corporativa, y de ganarse o preservar el respaldo activo de los impactados —la “licencia social”— de los impactados, que suele ser una condición indispensable para forjar una vecindad armoniosa en el largo plazo.

Un detalle que distingue entre los buenos y los malos EIS es la aplicación sistemática de las metodologías participativas, por las ventajas que ofrecen para recabar y validar la información sobre las percepciones y las voces de los impactados, así como para evitar el riesgo de incurrir en diagnósticos teoricistas y en propuestas de solución alejadas de la realidad.

La utilidad de los planes o estrategias de inversión social, que son un derivado del diagnóstico, está en función directa del tino en la identificación y jerarquización participativas de los impactos, así como de la viabilidad de las acciones para potencializar los citados aspectos positivos y disminuir los negativos.

En esta perspectiva, los EIS se revelan como un instrumento valioso para promover el desarrollo sustentable, cuyo fin estratégico es generar valor compartido, poniendo en sintonía los imperativos de rentabilidad de la inversión, cuidado de los recursos comunes ambientales y la salvaguarda de los derechos humanos y culturales.

En un contexto de sensibilidad creciente de los ciudadanos y los consumidores a los reclamos éticos, como es la sociedad global, los EIS se revelan como una herramienta valiosa, incluso imprescindible, para sumarse a las buenas prácticas de la responsabilidad social o para mejorar significativamente las prácticas en uso.

(*) Doctorando en Filosofía Política, Maestro en Sociología y Candidato al Doctorado en Educación. Director de Investigación y Desarrollo de Sustentarse. Presidente del Centro de Investigación Internacional del Trabajo y Miembro del Consejo Académico del Instituto de Investigaciones Parlamentarias de la Ciudad de México.