sustentarse_Objeto y pilares de la ecoeficiencia

Objeto y pilares de la ecoeficiencia

Una de las maneras en que se plantea el proceso de avance de los países hacia un desarrollo sostenible en la industria, o al menos, más sostenible, es adoptar un enfoque de sus procesos en lo que se ha llamado la ecoeficiencia.

La ecoeficiencia se apoya en dos pilares:

  1. Reducir la sobre explotación de los recursos naturales (lograr un uso más sostenible).
  2. Disminuir la contaminación asociada a los procesos productivos.

Pero la ecoeficiencia apunta aún más allá: busca un incremento de la productividad de los recursos naturales, así como a reducir los impactos ambientales a lo largo de todo el ciclo de vida de los productos.

Ecoeficiencia

El lema “producir más con menos” es común a todas las aproximaciones al tema. Tal enfoque no es una novedad strictu sensu en lo que ha sido la historia de la formulación de políticas ambientales desde que en 1972, con la Conferencia de Estocolmo, se lanzó al mundo la preocupación por el deterioro ambiental. Desde entonces han ocurrido desarrollos importantes en casi todos los países del mundo, que han implantado arreglos jurídicos e institucionales que han dado pie, posteriormente, a la implementación de estrategias y políticas para impulsar el tema ambiental; lo que se ha traducido a su vez en planes, programas y regulaciones para lidiar con los múltiples y
complejos aspectos que conlleva la problemática del medio ambiente y los recursos naturales.

La evolución del enfoque “ambiental” al de “sostenibilidad”, impulsado a nivel también mundial por la Conferencia de Río de 1992, trajo consigo la incorporación de nuevos actores en un esfuerzo que hasta entonces aparecía casi exclusivamente como una misión del estado, una materia de política pública. En la Conferencia de Río se   actualizaron los compromisos adquiridos por los estados y se incorporó activamente a otros actores que hasta entonces habían permanecido al margen, entre ellos el empresariado.

La necesaria simbiosis entre lo económico, lo social y lo ambiental que la sostenibilidad implica significó para muchos sectores, en particular los productivos privados, una manera de enfocar el tema desde una perspectiva más positiva. Dejan de ser los “malos” para ser, si no los “buenos”, al menos protagonistas respetables del proceso de mejoramiento ambiental, en un contexto en que sus objetivos de producir, generar empleo, obtener ganancias e invertir no aparecen como nuevos enemigos del medio ambiente, sino como aliados.

Es así como nacen y se desarrollan en la década de los 90 conceptos como la “producción más limpia” y la ecoeficiencia que intentan traducir este aporte de los sectores productivos a la práctica de la gestión ambiental en la empresa, particularmente la productiva. Para algunos los conceptos son equivalentes, sin embargo, hoy en día se hace una diferencia que responde al distinto punto de vista de las iniciativas: la producción limpia es una estrategia de política pública que es impulsada desde los gobiernos para embarcar a sectores productivos en una tarea de cumplimiento y superación de las exigencia de la regulación.

En tanto la ecoeficiencia es una estrategia corporativa, una iniciativa empresarial, fundamentalmente privada; pero que cuenta con cada vez mayor apoyo de la instancia pública.

Operar de manera ecoeficiente significa pues aunar los conceptos de desarrollo económico sostenible y protección ambiental, en un marco de aplicación a procesos concretos del sector productivo. La ecoeficiencia por eso ha sido calificada de una nueva “revolución tecnológica”.

La ecoeficiencia es la manera en que se mide la vinculación entre economía y medio ambiente en una perspectiva práctica de la sostenibilidad. En muchos casos, es importante recalcarlo, el estado se hace parte de una estrategia de ecoeficiencia, apoyándola e impulsándola, ya que sus promotores se transforman en aliados importantes de la acción pública de protección del medio ambiente y uso de los recursos naturales.

Cabe mencionar además que la ecoeficiencia no es simplemente un híbrido entre la ecología y la eficiencia económica o técnica. Es un enfoque que apunta a desarrollar acciones “de tal forma que el bienestar de la sociedad aumente y, al mismo tiempo, los perjuicios sobre el medio ambiente disminuyan”. Es éste un punto de vista importante para conocer hasta qué punto los gobiernos se hacen cargo, a través de las políticas públicas, de avanzar hacia un desarrollo más sostenible. Hay, pues, también, una visión de política pública de la ecoeficiencia.

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Hay otro punto a destacar, que tiene que ver con la manera en que la ecoeficiencia se asume como aliada de la política pública. Tal impulso no puede enfocarse tan sólo desde la perspectiva del gobierno nacional, que establece políticas de aplicación global que se han revelado en muchos casos inútiles o inaplicables. Es justamente a los niveles inferiores, provincial o local (municipal), donde los avances en ecoeficiencia, en ámbitos territoriales muchos más limitados, pueden ser más sujetos de control.

Ahora bien, la ecoeficiencia debe ser medida y evaluada, de allí la necesidad de establecer un conjunto de indicadores que puedan dar una visión cuantitativa de los avances o retrocesos. Estos indicadores de ecoeficiencia tienen por objeto, en forma genérica, reflejar las presiones que se ejercen sobre el medio ambiente como consecuencia del desarrollo económico. Por cierto, su evolución dará una imagen y una tendencia respecto a como se comportan los países en la materia, tanto los gobiernos (nacionales, provinciales, locales) como los sectores productivos privados.

Menor utilización de los recursos naturales (materiales y energéticos) y mayor productividad en los usos; y menores impactos ambientales debidos al crecimiento económico, son los elementos que confluyen para la definición de los mejores y más útiles indicadores de ecoeficiencia, pero aplicados a situaciones específicas y con propósitos concretos, no definidos a priori según su  factibilidad de construcción. De allí que los indicadores de ecoeficiencia no son en general establecidos de manera arbitraria por las compañías sino como instrumentos de apoyo a sus políticas de desarrollo sostenible.

Tal vez el aspecto más débil sea el social. En este sentido es altamente interesante el planteamiento siguiente: “En lo que se refiere al punto de vista social, se debe aplicar el concepto de ecoeficiencia social a través del estudio de estrategias orientadas al incremento del empleo, al incentivo a la creación de empresas, al incentivo a nuevos emprendimientos, al apoyo al entrenamiento orientado a tecnología industrial básica, a la capacitación de empresarios emprendedores y administradores de negocios. Es preciso también que las empresas sean capaces
de ejercer su influencia, junto con los gobiernos, sea a través de cambios en la legislación u otras más radicales, para revertir el cuadro del desempleo; una intervención inteligente y orquestada se hace necesaria, tanto para el mantenimiento de los empleos actuales como para la creación de nuevos. Respecto a la educación, con certeza, su estructura, infraestructura y condiciones actuales, deberá estar también integrada a los nuevos conceptos del desarrollo. Lo cual es fundamental para tornar irreversible el proceso de reinvención del desarrollo”

En otras palabras, hay una tarea pendiente que no puede ser considerada secundaria, que es la responsabilidad que tienen las grandes corporaciones por “derramar” sus logros en materia de ecoeficiencia más allá de las fronteras de sus unidades productivas o sus canales de comercialización, sobre todo cuando sus políticas de expansión las han llevado a instalarse en países de menor desarrollo relativo y con problemas sociales a veces agudos.

Por último, la ecoeficiencia es uno de los movimientos más expandidos en la actualidad para colocar la necesaria y fundamental colaboración público-privada en el centro de las estrategias de sostenibilidad, en un contexto global de crecimiento económico y desarrollo de los mercados que va más allá de las fronteras nacionales. Ya esto es un argumento suficientemente importante como para hacer de la estrategia un punto de inflexión en el enfoque que el sector empresarial ha tenido respecto al tema ambiental.


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